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Aquí en la ciudad todo se vive deprisa. (Anécdota sobre un estado de libertad a través del arte escénico). – Asociación Internacional de Ciencias en las Artes y Cine Independiente A.C. – INASART

Aquí en la ciudad todo se vive deprisa. (Anécdota sobre un estado de libertad a través del arte escénico).

febrero 23, 2017 Adán Jiménez
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Por Adán Jiménez.

Aquí en la ciudad todo se vive deprisa. Caminamos a paso veloz y el caos agobia hasta el suelo.

En el salón todos se encuentran dispuestos, entusiastas y decididos. Comenzamos una rutina, una rutina que hace doler el cuerpo, que hace sufrir momentos de sumo esfuerzo y sudar las miles preocupaciones que cargamos a diario.

Nos despojamos del calzado, los tines o cualquier ropa incómoda para tomar un lugar y encontrar el centro. ¡Nuestro centro!

A cuentas de ocho, estando de pie, llevamos nuestra cabeza a las rodillas, aguantamos y regresamos para subir lo más largo posible. Jugamos con el espacio, préstamos atención a nuestro cuerpo y aprendemos que es posible usarlo para realizar movimientos que hasta ahora hemos bloqueado con el peso de la cotidianidad, una costumbre abrumadora.

Vamos de pie hasta quedar sentados. Altos. Llegando lejos hacia el techo y hacia el suelo. Estiramos músculos y trabajamos con articulaciones. Bajamos recostados sobre las maderas del piso. Mantenemos las piernas en alto y flexionamos al ritmo dedos, pies, rodillas, manos y codos. 

Pobres de nosotros que nos han obligado a llegar puntuales y mantener el ritmo varias horas a la semana”

Solo escuchamos el profundo sonido de nuestra respiración y uno que otro quejido de dolor y fatiga. ¡Esperen..! También escuchamos una voz interna que nos empuja a mantener, a seguir y a lograr cada levantamiento, pues somos nosotros quienes decidimos estar aquí, donde pareciera ser una clase de tortura. 

Son en estos minutos cuando nuestros pensamientos se silencian y atendemos únicamente los mensajes que nos da el cuerpo, donde cada parte se mueve para lograr el movimiento deseado; cuando nuestras manos son desplazadas por los brazos dibujando una trayectoria desde los hombros y vigiladas con cautela por nuestra mirada.

En estos minutos, pareciera que disfrutamos de este dolor,  del esfuerzo, y del agotamiento. Pareciera también que aquí hemos llegado a un acuerdo pactado sin palabras, con el cuál podremos expresar nuestro sentir a través del gesto y el movimiento. Y  nadie, absolutamente nadie tomará como pretexto de burla e insulto. Nos desnudamos tirando el “¿qué dirán?, la pena, el miedo y la vergüenza.

Realmente pareciera que aquí las personas son más felices, pues, a pesar de las capacidades varias, y de cada historia individual, todos disfrutan de la danza. Incluso aquellos que vienen solo por curiosidad terminan amando esta disciplina, al igual que nosotros.

Es aquí la oportunidad de conocer nuestro cuerpo en libertad, nuestras capacidades y las posibles limitantes tanto físicas como mentales. Cada intento y cada exhorto por llegar más lejos y conseguir superar lo trabajado anteriormente agrandan con el tiempo el tamaño de las metas. Es aquí donde por decisión propia venimos a conocer y aprender. Nos sentimos libres de presiones, deberes, rutinas y malestares. Aunque ésto supone presiones, deberes, rutinas y otros malestares elegidos y de sumo provecho. 

Si más personas supieran que el arte, sea la danza, el dibujo, la literatura, la música o cualquier otra… Si más personas supieran de la facultad del arte para otorgarnos estados de libertad, la vida de esas personas se vería más enriquecida y las nociones que tenemos de la realidad cambiarían significativamente.

¡No hay como vivir el arte desde el arte! Pintar caminos, saltar barreras, escribir melodías y grabar en las memorias lo posible de lo imposible, y escapar de la monotonía. Es decisión de ser libres. De permitirnos serlo al menos por unos instantes.

Pero aquí en la ciudad todo se vive deprisa, caminamos a paso veloz y el caos agobia hasta el suelo.

 

 

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